Paisajes sonoros restaurativos: Escuchando la naturaleza

A la hora de crear experiencias restaurativas de salud y bienestar, hemos de trabajar no solo con las herramientas que el entorno natural nos da, sino también con la interacción con los estímulos sensoriales que generan . No se trata de focalizar, sino de estimular y potenciar los efectos del entorno que nos rodea a través de los sentidos.

Explorar y estimular los sentidos, puede ser una  experiencia compleja. Cada persona experimenta e interactúa con el entorno en la medida en que sus sentidos lo perciben. Y no hay dos personas que perciban de forma similar el entorno que las rodea. Esto nos plantea una serie de retos interesantantes a la hora de diseñar y plantear un baño de bosque.

Por definición, somos visuales. El sentido de la vista, en muchos casos, puede monopolizar de forma muy sensible nuestra percepción. Nuestros ojos, absorben el entorno y nos sitúan en él.La cantidad de información que se recibe mediante la vista es enorme,  y con muchas frecuencia, nos hacen obviar otros estímulos más sutiles. 

No se trata de obviar  las sensaciones directas de las que lo son menos.Un paisaje, un objeto, o simplemente, la observación, pueden conseguir experiencias de conexión intensas. Pero la exploración del entorno en búsqueda de las sensaciones sutiles, nos hace trabajar a diferentes niveles, quizá el más relevante, el focalizar la atención y hacernos conscientes de forma total del momento y el lugar .

Detengámonos por unos segundos a escuchar. ¿Cuáles son los sonidos que nos rodean?¿Suaves o intensos? ¿altos o bajos?. ¿Como nos sentimos después de pasar un rato escuchando algún sonido cacofónico?¿Como de importante es aislarnos del ruido?. Como nos afecta el sonido a nivel físico y mental, es un campo en el que se han desarrollado diferentes estudios. Uno de ellos , especialmente interesante, dirigido por Cassandra D. Gould van Praag, del departamento de psiquiatría de la Brighton and Sussex Medical School, titulado “Mind-wandering and alterations to default mode network connectivity when listening to naturalistic versus artificial sounds”

https://www.nature.com/articles/srep45273

Es interesante, y sobre todo revelador, cuando se analizan los resultados, como los sonidos naturales conocidos, afectan de forma significativa el sistema parasimpático, responsable de la activación de los procesos de descanso/digestión, y del incremento de la secreción de acetilcolina, ralentizando la frecuencia cardíaca y activando la regulación de aparato digestivo y genitourinario.

A nivel de actividad cerebral, los escáneres por resonancia magnética a los que se sometieron a los participantes del estudio, detectaron diferencias muy significativas en la actividad cerebral al escuchar sonidos naturales conocidos (focalización de la atención hacia fuera), en contraposición a los sonidos artificiales (focalización de la atención hacia dentro). Es muy relevante está última observación, ya que se observa también de forma similar en cuadros de ansiedad, trastornos de estrés postraumático y depresión.

 

Quizá las dos palabras relevantes, analizando los resultados del estudio de forma más detallada, son, relajación y desconexión. Se establece una base sólida en la que se relacionan los sonidos naturales conocidos con los mecanismos corporales de relajación y desconexión. 

Es por eso que, a la hora de plantear y crear experiencias restaurativas y bienestar en la naturaleza, es importante prestar atención a los sonidos que nos rodean y usarlos como parte esencial de la estimulación sensorial. Es interesante como el estudio diferencia también entre sonidos naturales conocidos, y los desconocidos. En general, cualquier persona disfruta y se relaja con el sonido de un arroyo fluyendo. Pero, en el momento que oímos algo que no somos capaces de ubicar , el sistema simpático se activa, generando una respuesta de alerta.Es importante tener esto en cuenta cuando buscamos entornos naturales adecuados para la práctica de los baños de bosque. 

La exploración sonora de los entornos naturales es clave a la hora de buscar lugares en donde poder trabajar de forma específica con los sonidos. En un entorno arbolado, el viento agitando las copas de los árboles, Los sonidos del agua cerca de arroyos, las olas del mar en una playa. Cualquiera de estos ejemplos representan de forma muy clara la forma en la que el sonido nos genera un estado de relajación y bienestar.

Los sonidos de animales conocidos (pájaros, insectos), el crujido de las hojas secas bajo nuestros pies, o las gotas de lluvia cayendo. Es interesante cómo un mismo espacio, puede  sonar de forma diferente a diferentes horas del día. La fauna, el tiempo meteorológico y otros factores ambientales pueden ser valiosas herramientas para componer una sinfonía única y personal de sonidos.

Quizas es importante el buscar la armonía y el conjugar todos los estímulos de forma coherente. Muchas veces, tendemos a buscar paisajes o lugares “de postal”. Esto puede llegar a ser un problema, no tanto por la idealización que hacemos en nuestra mente, sino porque la sobresaturación sensorial puede llegar a ser contraproducente. Buscamos el crear experiencias útiles y restaurativas, que proporcionen a los participantes herramientas que puedan llevarse de vuelta a su vida normal, y usarlas de forma cotidiana. 

Siempre que estamos en el medio natural, en silencio, surgirán multitud de sonidos que nos llamarán la atención . Buscar el más bello, o el más sugerente, es algo irrelevante. Mejor, escuchar hasta detenernos en el que llame más nuestra atención. Aprovechar cada posibilidad, cada lugar, cada espacio, y extraer de él la música, personal e intransferible que posee, es la mejor manera de conectar con ese entorno. Y seguramente, con alguna parte de nosotros mismos. 

Buscar los sonidos de un espacio,nos conducirá hacia sensaciones sutiles y diferenciadas, que ayudarán a nuestra mente y cuerpo a calmarse y relajarse.Algo tan simple como escuchar nuestras propias pisadas. Acciones simples y sencillas, que solemos hacer de forma automática, se pueden convertir en pequeños momentos de desconexión de la rutina. 

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