El bosque y el humano : Una retrospectiva

Parémonos a pensar durante un instante. ¿Cuál es la relación que tenemos con el bosque?. No como personas individuales, sino como humanos.  

Ciertamente, la época en la que vivimos, en donde no pasa un día en la que las noticias nos adviertan del grave deterioro del entorno natural que la acción humana provoca. Alertas tan graves como el calentamiento global, o la deforestación masiva, quizás nos hace pensar que los tiempos que vivimos actualmente no son los más propicios para definir, de forma positiva, nuestra relación con los bosques.

Pero esto no es algo que sea contemporáneo. Que duda cabe que el proceso de industrialización de las sociedades occidentales ha provocado grandes cambios en los ecosistemas y en nuestra relación con ellos, pero ya desde tiempo inmemoriales, los bosques siempre fueron la frontera. 

Es interesante este concepto, y sobre todo, interesante desde un punto de vista antropológico. Desde el principio de los tiempos, el hombre ha vivido en una relación intensa con el medio natural que le rodeaba. No hay que pensar, en cualquier caso, en esta relación como algo bucólico o idealizado. Durante los albores de la civilización, el hombre tuvo que adaptarse de forma rápida, y en ocasiones dramática, a todo su entorno.

En las primeras sociedades, las cazadoras recolectoras, el bosque  es el entorno en el que discurre la vida y en donde se buscan los medios para sobrevivir. Pero no solo eso. Es también el lugar donde moran los entes sobrenaturales que con frecuencia deciden el destino de los humanos y la naturaleza.

Ese bosque umbral, a medida que las sociedades cazadoras recolectoras fueron evolucionando, fué creciendo ,y convirtiéndose en una frontera clara entre lo “civilizado”, y lo “salvaje”. 

“Entrar en el bosque oscuro o el Bosque Encantado es un simbolo de umbral; el alma que entra a los peligros de lo desconocido; el reino de la muerte, los secretos de la naturaleza, o el mundo espiritual que el hombre debe penetrar para encontrar el significado.“

J.C Cooper- Diccionario de Símbolos.

Es curioso como una de las civilizaciones más influyentes y que posiblemente supuso un hito a la hora de adaptar y moldear la naturaleza a sus necesidades, tuviese esa relación dual con los bosques. Hablamos de los Romanos. Su imperio, uno de los más grandes que la tierra ha conocido, fue pionero a la hora de proyectar grandes obras de ingeniería que implicaban un cambio radical en el el entorno. Su civilización, altamente influenciada por la griega, veneraba a los árboles y muchas de sus leyendas e historias, les atribuían todo tipo de poderes y capacidades sobrenaturales.

Sin embargo, incluso las poderosas legiones, punta de lanza del progreso mediante la conquista del imperio romano, sentían miedo cuando llegaban a los impenetrables y densos bosques de Germania, o en las lejanas tierras del norte de Escocia.

No es casual que esos limes fuesen los lugares más remotos y peligrosos el imperio. No solo por las belicosas tribus que vivían allí, sino por lo que implícitamente significaba el dejar la seguridad de las ciudades y asentamientos romanos, en donde estaba la “civilización”, para enfrentarse a los “bárbaros” que seguían viviendo en el bosque.

Durante la edad media, El bosque se convirtió en un lugar tenebroso y oscuro, en donde moraban todo tipo de peligros, algunos naturales, y otros no tanto. Bandidos, proscritos, ladrones y demás personas “fuera” de la sociedad , eran quienes elegían el bosque como morada. Sin embargo, el bosque seguía siendo el lugar de donde se sacaban una gran cantidad de materias primas que seguían siendo necesarias para el progreso humano.

“Desde la antigüedad el bosque impenetrable cercano en el que nos perdemos ha simbolizado lo oculto, el mundo oscuro, casi impenetrable de nuestro inconsciente. Si hemos perdido el marco que dio estructura a nuestra vida pasada y ahora tiene que encontrar el camino para convertirse en nosotros mismos , y han entrado en esta tierra salvaje con una personalidad aún sin desarrollar, si tenemos éxito en encontrar el camino saldremos con una humanidad mucho más desarrollada“.

Bruno Bettelheim

 

Es curioso observar cómo todos esos condicionantes se han ido arrastrando a la época en la que vivimos. El punto de inflexión de verdad grande en nuestra relación con el bosque fué la revolución industrial. La población rural, fijada a su entorno durante siglos, comenzó un lento pero inexorable éxodo hacia los núcleos urbanos en donde la industria comenzó a prosperar a gran escala y donde se produjo la verdadera ruptura de la relación entre los humanos y los bosques. Quizá ruptura sea demasiado, pero un divorcio poco amistoso.

Hoy en día, ¿cuál es nuestra relación con lo natural?. ¿Como un urbanita , incluso una persona que vive en un pueblo, interactúa con el medio?.

En el primer caso, posiblemente esa relación sea nula, o muy filtrada a través de experiencias o momentos en donde las situaciones sean muy controladas. Hoy más que nunca, los habitantes de las grandes ciudades buscan esa “experiencia única”, bien sea de viajar a lugares remotos, o a realizar algún tipo de actividad “extrema”, que después podamos contar y publicar en nuestras redes sociales.

¿Y las personas que viven en el campo?. Ganaderos, agricultores, o simplemente, personas que consideran las ciudades como un lugar inhóspito para vivir. Sorprendentemente, la actividad ganadera o agrícola, ha provocado en gran medida la deforestación y degradación del medio natural. La introducción de especies no autóctonas en los ecosistemas naturales ha sido un proceso paulatino que ha modificado de forma dramática el entorno natural. 

En una sociedad tan volátil como la actual, no es quizá un buen momento para volver la vista atrás e intentar recuperar parte de esa conexión perdida. Pero no perdida ahora, sino a lo largo de siglos de evolución, y “civilización”.

Hemos idealizado la naturaleza y el bosque, como lugares casi sagrados , en donde buscamos raíces y sensaciones perdidas desde tiempo inmemorial. ¿Es esto bueno?. ¿Convertir el bosque en un lugar casi de culto favorece esa relación natural que los humanos y su entorno deberían tener?.

I never saw a wild thing

sorry for itself.

A small bird will drop frozen dead from a bough

without ever having felt sorry for itself.

D.H Lawrence – Self pity

Bien sea en el parque al lado de nuestra casa, como en un lejano bosque boreal, la naturaleza no tomará partido. Ni para lo bueno , ni para lo malo. Solo habrá lo que nosotros hayamos llevado. Y eso, es lo que amplificará. Nos guste o no.

Un baño de bosque no busca “arreglar”, o “naturalizar” a quién lo experimenta. Tampoco busca el establecer unas normas o una manera de acercarse al bosque. En el corazón mismo de esta práctica yace la simplicidad más absoluta.  Recuperar esa conexión, de una forma personal , y sobre todo, sin objetivos ni fines más allá que el disfrutar del momento.

No tenemos que seguir los pasos de Thoreau para experimentar los beneficios de la naturaleza. Solo necesitamos desarrollar la empatía hacia lo natural. El ser conscientes de lo que significa y de lo que nos puede aportar. Y por supuesto, dejarnos llevar. Un baño de bosque no es más que una forma de establecer esa nueva forma de relación con lo natural. 

Quizá no en igualdad, pero sí de forma ecuánime y equilibrada. 

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